Psicólogo o psiquiatra: a cuál de los dos tengo que ir

Qué hace cada uno, cuándo hace falta uno, cuándo el otro y cuándo los dos a la vez. Sin tecnicismos y sin vender nada.

6 apartados · 7 min de lectura

La respuesta corta

  1. Los dos tratan lo mismo, por caminos distintos. El psiquiatra es médico y puede recetar. El psicólogo trabaja con lo que piensas, sientes y haces.
  2. Si dudas, empieza por el psicólogo. Para la mayoría de los problemas —ansiedad, ánimo bajo, duelo, pareja, insomnio— es lo que recomiendan las guías clínicas.
  3. Ve al psiquiatra si hay riesgo o si el cuerpo no da más. Ideas de suicidio, no poder levantarte, no dormir nada, alucinaciones, o que ya te hayan dicho que necesitas medicación.
  4. No son excluyentes. Muchas veces lo que funciona es ir a los dos. No es un fracaso de ninguno.
  5. Tu médico de cabecera también vale como primer paso. Puede orientarte y derivarte, y conoce tu historial.

Qué hace cada uno

El psiquiatra es un médico. Estudió Medicina y después se especializó en psiquiatría. Eso significa que puede explorar si detrás de lo que te pasa hay algo físico —un tiroides, una anemia, un efecto secundario—, pedir analíticas y, sobre todo, recetar medicación: antidepresivos, ansiolíticos, estabilizadores.

El psicólogo no es médico y en España no receta. Esto es lo que más se confunde y conviene decirlo claro. Lo que hace un psicólogo sanitario es otra cosa: entender qué está manteniendo tu problema y trabajar contigo para cambiarlo. Cómo interpretas lo que te pasa, qué haces cuando aparece el malestar, qué estás evitando, cómo te hablas, cómo te relacionas.

Dicho en corto: el psiquiatra trabaja sobre todo con la química, el psicólogo sobre todo con el aprendizaje. Y los dos tratan los mismos problemas.

Para la mayoría de los motivos por los que la gente pide ayuda, la terapia psicológica es el tratamiento de primera elección. No lo decimos nosotros: lo dicen las guías clínicas, y en algunos casos —como el insomnio o las fobias— con bastante contundencia.

Encaja especialmente cuando:

  • lo que te pasa tiene que ver con tu vida: una ruptura, un trabajo, un duelo, un cambio;
  • el malestar es de leve a moderado y puedes seguir con tu día a día, aunque cueste;
  • el problema está en lo que haces: evitar, comprobar, discutir, postergar, aguantar;
  • quieres entender por qué te pasa y no sólo que deje de pasarte;
  • prefieres no medicarte, o ya lo has hecho y quieres dejar de depender de ello.

Puedes mirar cómo estás con el test de estado emocional: no diagnostica nada, pero te da una orientación en cuatro minutos.

Cuándo hace falta el psiquiatra

Hay situaciones en que lo prudente es que te vea un médico, y cuanto antes:

  • Ideas de suicidio o de hacerte daño. Aquí no hay que esperar a nada.
  • Depresión grave: no poder levantarte, no comer, llevar semanas sin dormir.
  • Alucinaciones o ideas que los demás no comparten y te asustan.
  • Episodios de euforia con poco sueño, gasto desbordado o decisiones impulsivas.
  • Dependencia de alcohol u otras sustancias con síntomas al dejarlo.
  • Trastornos de la conducta alimentaria con pérdida de peso, vómitos o ayunos: ahí hay riesgo físico.
  • Cuando ya has hecho terapia y no se ha movido nada.

Si estás en alguna de estas y no sabes por dónde empezar, el 024 es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas. Y el 112 si el riesgo es ahora.

Muchas veces la respuesta es «los dos»

La pregunta está mal planteada más veces de las que parece. En depresión moderada o grave, por ejemplo, la combinación de medicación y terapia funciona mejor que cualquiera de las dos por separado. En ansiedad, la medicación puede bajar el nivel lo suficiente para que se pueda trabajar, y la terapia es la que evita que vuelva al dejarla.

Así que no hay que elegir bando. La medicación quita el ruido; la terapia enseña a manejar lo que hay debajo. Ir a los dos no significa que estés peor ni que uno haya fallado.

Y si estás tomando algo: no lo dejes por tu cuenta porque empieces terapia. Eso se habla con quien te lo recetó, y se retira con un plan.

Lo que no distingue a uno de otro

Hay ideas muy extendidas que no se sostienen:

  • «Al psiquiatra se va cuando estás muy mal». Se va cuando hace falta una valoración médica, que no es lo mismo. Y al psicólogo tampoco hace falta llegar hundido: cuanto antes, menos cuesta.
  • «El psiquiatra sólo receta y no escucha». Depende del profesional y del tiempo que tenga, igual que pasa con los psicólogos.
  • «Si te medican, ya es para siempre». Mucha medicación psiquiátrica es para un periodo concreto, y se retira cuando toca.
  • «El psicólogo es para hablar; eso ya lo hago con mis amigos». Un amigo te acompaña, que es muchísimo. Pero no tiene un método ni la distancia necesaria, y además se cansa.

Por dónde empezar en la práctica

Si lo tuyo encaja con la lista del psiquiatra, pide cita con tu médico de cabecera y cuéntaselo tal cual: él valora y deriva, y conoce tu historial.

Si no, puedes ir directamente a un psicólogo sanitario, sin derivación ni papeles. Comprueba que está colegiado y que es Psicólogo General Sanitario o Especialista en Psicología Clínica: en España son los dos títulos que habilitan para tratar. Lo puedes verificar en el Colegio Oficial de Psicología de tu comunidad.

Por la sanidad pública también hay psicología, aunque el acceso va por el médico de cabecera y las listas suelen ser largas. Que exista esa vía es buena noticia: no hay ninguna prisa por pagar si puedes esperar y lo tuyo no es urgente.

Y si has llegado hasta aquí y sigues sin tenerlo claro, llámanos y te lo decimos sin compromiso. Si lo que necesitas es un psiquiatra, te lo diremos.

Lo que no ayuda, aunque lo parezca

  • Esperar a estar muy mal para decidirte. Los dos tratamientos funcionan mejor cuanto antes se empiezan.
  • Dejar la medicación al empezar terapia. Eso se habla con quien la recetó. Dejarla de golpe tiene su propio riesgo.
  • Buscar tus síntomas en internet para decidir. Acabas en el peor diagnóstico posible y más asustado que al empezar.
  • Descartar al psiquiatra por miedo a que te mediquen. Valorar no es recetar. Puedes ir, escuchar y decidir después.
  • Quedarte con el primero que no te encaje. Que haya confianza importa más que la técnica. Cambiar es normal.
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Si esto se te queda corto

Una guía sirve para empezar. Cuando lo que te pasa lleva tiempo, o no se mueve por mucho que hagas, lo que hace falta es que alguien lo mire contigo.

Contenido elaborado por el equipo del Centro Psicológico Consuelo Tomás. No sustituye a una consulta. Si estás tomando medicación, cualquier cambio se habla con quien te la recetó.