Tu primera sesión de terapia: qué esperar

Qué se hace en la primera consulta, qué te van a preguntar, cuánto dura, qué pasa con lo que cuentas y cuándo se empieza a notar.

5 apartados · 6 min de lectura

Lo que casi todo el mundo pregunta antes de llamar

  1. ¿Tengo que contarlo todo el primer día? No. Cuentas lo que quieras y al ritmo que quieras. Nadie te va a sacar nada.
  2. ¿Y si me pongo a llorar? Pasa constantemente. Hay pañuelos en la mesa por algo.
  3. ¿Cuánto dura? Unos cincuenta minutos. La primera a veces se alarga un poco.
  4. ¿Se lo vais a contar a alguien? No. Es secreto profesional, con una sola excepción: que haya riesgo para tu vida o la de otro.
  5. ¿Y si no me encaja el psicólogo? Se dice y ya está. Que encajéis importa más que cualquier técnica.

Qué pasa exactamente el primer día

La primera sesión es sobre todo una conversación. No hay diván, ni test que haya que aprobar, ni preguntas sobre tu infancia si no vienen a cuento.

Empieza por lo que te ha traído: qué te pasa, desde cuándo, en qué momentos es peor, qué has intentado ya. Luego se amplía un poco el marco —cómo es tu día a día, con quién vives, cómo está el trabajo, cómo duermes— porque el mismo síntoma significa cosas distintas según dónde aparezca.

Al final se habla de qué se puede hacer: qué parece estar manteniendo el problema, qué tipo de trabajo tendría sentido y cada cuánto veros. Sales con una idea de por dónde va la cosa, no con un diagnóstico colgado.

No hace falta que lo tengas claro

Mucha gente retrasa la primera cita porque siente que no sabe explicar lo que le pasa, o que lo suyo «no es tan grave». Las dos cosas son razones para venir, no para no venir.

Llegar diciendo «no sé qué me pasa, pero no estoy bien» es una forma perfectamente válida de empezar. Ponerle nombre es parte del trabajo, no un requisito para entrar.

Y sobre la gravedad: la terapia no es sólo para crisis. Se viene por una ruptura, por un cambio de trabajo, por no dormir, por discutir demasiado en casa o porque llevas dos años con una sensación rara que no se va. Nada de eso hay que justificarlo.

Qué pasa con lo que cuentas

Todo lo que se habla está protegido por el secreto profesional. No se comenta con tu familia, ni con tu médico, ni con tu empresa, salvo que tú lo pidas por escrito.

La única excepción, que es obligación legal y deontológica, es que exista riesgo grave para tu vida o para la de otra persona. Si eso llegara a pasar, se te diría a ti primero.

Los datos que se guardan son los mínimos y están sujetos a la normativa de protección de datos. Puedes preguntar en cualquier momento qué hay guardado y pedir que se corrija o se elimine.

Cada cuánto y hasta cuándo

Lo habitual al principio es cada semana o cada quince días, y luego ir espaciando a medida que las cosas se estabilizan. No es una decisión cerrada: se ajusta sobre la marcha y se habla.

¿Cuánto dura una terapia? Depende de qué traigas. Un problema concreto y reciente —una fobia, un insomnio, una crisis puntual— se suele trabajar en pocas sesiones. Algo que lleva años instalado lleva más. Lo que no es cierto es que la terapia tenga que ser para siempre: el objetivo es que puedas irte.

Sobre cuándo se nota: el alivio de poder contarlo suele aparecer pronto. Los cambios de verdad tardan algunas semanas, y casi siempre se notan primero fuera —duermes mejor, discutes menos, vuelves a quedar— antes que dentro.

Presencial u online

Las dos funcionan. La investigación no encuentra diferencias relevantes en resultados para la mayoría de los problemas, así que la elección es práctica.

Presencial si te cuesta concentrarte en casa, si no tienes un sitio con intimidad o si prefieres que sea un espacio aparte, con su viaje de ida y vuelta.

Online si vives lejos, si tu horario es imposible, si viajas, o sencillamente si te resulta más fácil hablar desde tu casa. Sólo hacen falta una hora tranquila, unos auriculares y una conexión decente.

También se puede combinar, y cambiar de una a otra si deja de encajar.

Lo que no ayuda, aunque lo parezca

  • Esperar a estar muy mal. Cuanto antes se coge, menos cuesta y menos dura.
  • Prepararte un guion. No hace falta traerlo ordenado. Desordenado también sirve.
  • Ir a una sola sesión y decidir que no funciona. La primera es sobre todo conocerse. El trabajo empieza después.
  • Callarte algo por vergüenza. Lo que se calla es justo lo que suele hacer falta. No hay nada que no se haya oído antes.
  • Aguantar con un profesional con el que no te sientes cómodo/a. Decirlo no ofende a nadie, y cambiar es normal.

Si esto se te queda corto

Una guía sirve para empezar. Cuando lo que te pasa lleva tiempo, o no se mueve por mucho que hagas, lo que hace falta es que alguien lo mire contigo.

Contenido elaborado por el equipo del Centro Psicológico Consuelo Tomás.