Cómo elegir psicólogo sin jugártela

Cómo comprobar que es quien dice ser, qué preguntar en la primera llamada, qué predice de verdad que la terapia funcione y cuándo salir corriendo.

7 apartados · 8 min de lectura

Lo mínimo que deberías comprobar

  1. Que esté colegiado. Pide el número y compruébalo en la web del Colegio Oficial de Psicología de tu comunidad. Es público y tarda un minuto.
  2. Que tenga título sanitario. En España habilitan dos: Psicólogo General Sanitario o Especialista en Psicología Clínica. Sin uno de los dos, no puede tratar.
  3. Que el centro esté registrado. Los centros sanitarios tienen número de registro autonómico. Puedes pedirlo.
  4. Que te explique qué va a hacer. Debe poder decirte en qué consiste el trabajo y cada cuánto, aunque sea a grandes rasgos.
  5. Que te sientas a gusto. Suena blando y es lo que más predice que funcione. Si a la tercera sesión no hay confianza, dilo.

El título importa, y no todos valen

«Psicólogo» no es lo mismo que «psicólogo sanitario», y la diferencia es legal, no de matiz. Para tratar problemas de salud mental en España hacen falta uno de estos dos:

  • Psicólogo General Sanitario (PGS): grado en Psicología más un máster oficial habilitante.
  • Especialista en Psicología Clínica (PIR): la vía de formación sanitaria especializada, con plaza por oposición y cuatro años de residencia.

Quien tiene el grado pero ninguno de los dos puede trabajar en recursos humanos, en educación o en investigación, pero no puede ofrecerte tratamiento.

Y ojo con los títulos inventados. «Coach», «terapeuta holístico», «experto en constelaciones», «consultor emocional»: ninguno está regulado ni exige formación comprobable. Pueden ser buena gente con buenas intenciones; lo que no son es profesionales sanitarios.

Cómo comprobarlo tú en cinco minutos

  1. Pide el número de colegiado. Nadie se molesta si lo preguntas, y quien se molesta ya te ha dado una respuesta.
  2. Búscalo en la web de tu colegio profesional. Los Colegios Oficiales de Psicología tienen buscador público de colegiados. En la Comunidad Valenciana, el COPCV.
  3. Pregunta por el registro sanitario del centro. Las consultas de psicología son centros sanitarios y tienen que estar inscritas en el registro de su comunidad autónoma.
  4. Mira qué dice de sí mismo. Si promete curaciones, habla de porcentajes de éxito o garantiza resultados, desconfía: eso no se puede garantizar y además está mal visto deontológicamente.

Lo que de verdad predice que funcione

Aquí viene lo incómodo, y conviene decirlo aunque no nos favorezca: décadas de investigación apuntan a que el factor que más pesa no es la corriente ni la técnica, sino la relación entre el paciente y el profesional. La llaman alianza terapéutica, y significa tres cosas:

  • que te sientas escuchado y no juzgado;
  • que estéis de acuerdo en qué estáis trabajando;
  • que confíes en que ese camino lleva a algún sitio.

Eso no se ve en una web. Se nota en la primera o la segunda sesión. Por eso lo sensato no es investigar seis meses antes de llamar, sino probar y valorar después.

Dicho lo cual, que haya un método importa. Pregunta en qué se basa lo que te va a proponer. No hace falta que te dé una clase: con que sepa explicarte qué va a hacer y por qué, basta.

Qué preguntar en la primera llamada

Llamar a pedir cita no es firmar nada. Estas preguntas son normales y nadie debería incomodarse al oírlas:

  • «¿Tenéis experiencia con lo que me pasa?»
  • «¿Cuánto dura la sesión y cuánto cuesta?»
  • «¿Cada cuánto tendría que venir?»
  • «¿Cómo sabremos si está funcionando?»
  • «¿Se puede hacer online?»
  • «¿Qué pasa si un día no puedo venir?»

Las respuestas deberían ser concretas. «Depende» vale para cuánto durará la terapia; no vale para el precio.

Si quieres saber qué pasa exactamente el primer día, lo contamos en la guía de la primera sesión.

Señales de alarma

Con cualquiera de estas, busca a otra persona:

  • Te garantiza resultados o te pone un número de sesiones cerrado antes de conocerte.
  • Te presiona para pagar un bono largo por adelantado.
  • Te dice que dejes la medicación que te ha puesto un médico.
  • Habla mal de tu familia o tu pareja y te empuja a cortar con tu gente.
  • Te cuenta sus cosas más de lo que escucha las tuyas.
  • Mezcla la terapia con creencias que no te ha explicado ni has aceptado.
  • Cruza límites: contacto fuera del encuadre, relación personal, insinuaciones.

Esa última no es una cuestión de estilo: es una falta grave y se puede denunciar ante el colegio profesional.

Lo que importa menos de lo que crees

  • El precio. Más caro no es mejor. Lo que sí debe estar es claro desde el principio.
  • La corriente. Cognitivo-conductual, sistémica, humanista… para la mayoría de problemas comunes, lo que decide es la alianza y que haya un plan. Hay excepciones con evidencia muy marcada, y un buen profesional te las dirá.
  • Los años de experiencia. Ayudan, pero un profesional joven bien formado y supervisado puede ser excelente.
  • Que sea hombre o mujer. Salvo que para ti importe, y entonces importa y punto: pídelo sin dar explicaciones.
  • Online o presencial. La investigación no encuentra diferencias relevantes en resultados para la mayoría de los casos. Elige por comodidad.

Y si ya has empezado y no te convence

Cambiar de psicólogo es normal y no hay que justificarlo. Dos matices que ayudan a decidir bien:

No confundas incomodidad con mal encaje. La terapia toca cosas que duelen, y hay sesiones de las que se sale peor que como se entró. Eso puede ser señal de que estáis trabajando, no de que vaya mal.

Pero si a las cuatro o cinco sesiones no sabes hacia dónde vais, o sientes que no te entiende, dilo en voz alta. Un buen profesional agradece esa conversación y reajusta. Si no la acepta, ya tienes la respuesta.

Y si lo que te frena es el dinero: por la sanidad pública hay psicología, con acceso a través de tu médico de cabecera. Las listas son largas, pero existe y es legítimo usarla.

Lo que no ayuda, aunque lo parezca

  • Elegir por la foto o por lo bonita que sea la web. No predice absolutamente nada.
  • Fiarte de las reseñas como único criterio. En salud mental casi nadie reseña, y quien lo hace suele estar en un extremo.
  • Pagar un bono de diez sesiones por adelantado. Antes de la primera no sabes si vais a encajar.
  • Buscar al que te diga lo que quieres oír. Ese es justo el que no te va a servir.
  • Aguantar años con alguien que no te funciona. Si no se mueve nada, no es cuestión de tiempo: es cuestión de encaje o de método.

Si esto se te queda corto

Una guía sirve para empezar. Cuando lo que te pasa lleva tiempo, o no se mueve por mucho que hagas, lo que hace falta es que alguien lo mire contigo.

Contenido elaborado por el equipo del Centro Psicológico Consuelo Tomás. Los títulos y registros que se citan son los vigentes en España.