Qué hacer cuando te da una crisis de ansiedad

Qué hacer mientras te está pasando, por qué te pasa y qué hacer después para que no vuelva a mandar en tu vida.

4 apartados · 7 min de lectura

Si te está pasando ahora mismo

  1. No luches contra ella. Intentar pararla la alarga. Dite: «esto es ansiedad, va a bajar sola».
  2. Suelta el aire despacio. Coge aire cuatro segundos, suéltalo seis o siete. Lo importante es que la salida sea más larga que la entrada.
  3. Pon los pies en el suelo. Nota los pies, la espalda contra el respaldo, las manos. Busca cinco cosas que veas y nómbralas.
  4. No salgas corriendo del sitio. Si puedes quedarte, quédate. Irte alivia ahora y hace que la próxima vez sea peor.
  5. Espera. El pico dura entre cinco y veinte minutos. Siempre baja. Siempre.

Qué te está pasando en el cuerpo

Una crisis de ansiedad —o ataque de pánico— es una descarga de alarma en un cuerpo que no corre ningún peligro. El corazón se acelera, respiras más rápido, sudas, te mareas, notas un nudo en el pecho o en la garganta y te invade la sensación de que algo terrible va a pasar: que te vas a desmayar, que te va a dar un infarto o que te vas a volver loco.

Nada de eso ocurre. Lo que está pasando es que el sistema que te prepara para huir de un peligro se ha disparado sin peligro delante. La taquicardia, el temblor y la respiración acelerada son exactamente lo que tu cuerpo haría si tuvieras que salir corriendo. El problema no es la reacción: es que se ha activado en el salón de tu casa o en la cola del supermercado.

Conviene saber dos cosas. La primera, que una crisis de ansiedad no es peligrosa: es desagradabilísima, pero no te va a pasar nada. La segunda, que baja sola. El cuerpo no puede sostener ese nivel de activación mucho rato; se agota y afloja. Aunque no hagas nada, pasa.

Por qué respirar despacio funciona

Cuando te asustas respiras más rápido y más superficial. Eso hace que expulses demasiado dióxido de carbono, y ese desequilibrio es el que produce el mareo, el hormigueo en las manos y la sensación de irrealidad. Es decir: buena parte de los síntomas que te asustan los está provocando la propia respiración acelerada.

Por eso alargar la espiración funciona. No es relajación de manual: es corregir físicamente lo que está pasando. Cuatro segundos para coger aire, seis o siete para soltarlo. Si te cuesta contar, sopla como si apagaras una vela muy despacio.

Un detalle que casi nadie sabe: respirar dentro de una bolsa es un mal consejo. Puede ser peligroso si lo que tienes no es ansiedad. Mejor la espiración larga.

Lo que sí ayuda después

Cuando ya ha pasado, viene la parte importante: lo que hagas en los días siguientes decide si esto se queda en un susto o se convierte en un problema.

  • Vuelve al sitio donde te pasó. Si te dio en el metro, coge el metro. Cuanto más tardes, más grande se hará. Esto es lo único de esta guía que de verdad cambia el pronóstico.
  • No te pases el día revisando el cuerpo. Estar pendiente de si el corazón va rápido garantiza que lo notes, y notarlo dispara la siguiente crisis.
  • Duerme y come con horarios. El cansancio y los bajones de azúcar son gasolina para la ansiedad.
  • Baja la cafeína. No por salud general: porque la cafeína produce justo los síntomas físicos que tu cerebro está interpretando como peligro.
  • Muévete. Caminar rápido media hora al día hace más por la ansiedad que casi cualquier consejo de internet.

Cuándo pedir ayuda

Una crisis aislada en una época de mucha tensión le puede pasar a cualquiera y no significa nada. Conviene consultar cuando:

  • se repiten, aunque sean leves;
  • has empezado a evitar sitios, planes o situaciones por si acaso;
  • vives con miedo a que vuelva a pasar, que es lo que se llama «miedo al miedo»;
  • estás tomando algo por tu cuenta para aguantar el día.

El tratamiento psicológico del pánico es de los que mejor funcionan de toda la psicología, y no hace falta que pasen años. Se trabaja entendiendo qué mantiene el círculo y volviendo, poco a poco y con método, a lo que se ha ido evitando.

Y una cosa más: si es la primera vez y tienes dolor en el pecho, ve a urgencias. Descartar lo físico es parte de hacerlo bien, y además quita mucho miedo saber que el corazón está perfecto.

Lo que no ayuda, aunque lo parezca

  • Respirar en una bolsa. Consejo antiguo y potencialmente peligroso si lo que tienes no es ansiedad.
  • Irte corriendo del sitio. Alivia en el momento y le enseña a tu cerebro que ese sitio era peligroso de verdad.
  • «Tranquilízate, no es nada». Decírselo a alguien en plena crisis no calma: hace que además se sienta ridículo.
  • Tomarte algo de otra persona. Los ansiolíticos ajenos no son una solución y crean su propio problema.
  • Buscar tus síntomas en internet. Terminas leyendo sobre infartos, y eso es gasolina pura.
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Si esto se te queda corto

Una guía sirve para empezar. Cuando lo que te pasa lleva tiempo, o no se mueve por mucho que hagas, lo que hace falta es que alguien lo mire contigo.

Contenido elaborado por el equipo del Centro Psicológico Consuelo Tomás. No sustituye a una consulta. Si es la primera vez que te pasa y hay dolor en el pecho, acude a urgencias para descartar una causa física.