La muerte de un hijo

Aunque todos sabemos que la muerte es la única certeza que existe en la vida, en nuestra sociedad, hablar de ella suele ser un tema tabú. Este hecho, se lleva al extremo cuando se trata de la muerte de un hijo. En estos casos, existe la tendencia a esconderlo aún más, siendo considerado inoportuno y de poco tacto, tocar el tema en una conversación con los familiares y, muy especialmente, si se trata de los padres del mismo.

Este tipo de reacciones de silencio y mutismo frente a una situación tan delicada pero al mismo tiempo tan presente como la pérdida de un hijo, suele generar en los padres un aislamiento y una sensación de exclusión durante un proceso tan frágil como el del duelo.

¿Qué es el duelo?

El duelo se define como una respuesta adaptativa normal frente a la pérdida de un ser querido o frente a un acontecimiento significativo como puede ser la ruptura de pareja o la pérdida de empleo. Y, aunque es parte de la vida de todos los seres humanos en algún momento de su historia, el duelo no deja de ser un proceso vital, doloroso y estresante.

Cuando hablamos de duelo por la muerte de un hijo nos referimos a uno de los episodios más estresantes y desgarradores que puede vivir una persona. Así lo indican muchas escalas psicológicas que miden el nivel de estrés generado por diferentes acontecimientos y circunstancias.

El duelo es un proceso complejo, único e irrepetible con gran impacto en la esfera emocional.

Según los especialistas, la duración del duelo suele ser de seis meses a un año, durante los cuales se viven y atraviesan diversas fases. Ello no quiere decir que transcurrido un año todas las personas se encuentren recuperadas completamente. La duración del  duelo depende de múltiples factores: parentesco con la persona fallecida,  tipo de muerte, etc.  Por tanto,  se puede afirmar que el período de duelo puede prologarse en función de muchas variables y que cada persona reacciona de manera diferente y particular a este vendaval de emociones, observándose, no obstante, algunos patrones comunes de respuesta frente a él.

Uno de los aspectos más difíciles de este proceso es que, en ocasiones, ni siquiera la persona que está atravesándolo es consciente de él. El nivel de consciencia acerca de su presencia es relativo, produciéndose en muchos casos, cambios en los comportamientos de la persona que, en su momento, no se relacionan con este proceso, pero que sin duda son una consecuencia de él.

El Duelo

Consecuencias del proceso de duelo

Alguna de las consecuencias más comunes tras el fallecimiento de un hijo son:

  • Es muy frecuente el aislamiento social, produciéndose una baja en la interacción con familiares, amigos y el círculo cercano en general.
  • Se produce un profundo abandono de las actividades de interés propio por diversos motivos, ya sea cansancio, apatía y/o tristeza.
  • Es común la aparición de problemas en la salud mental. El trastorno de ansiedad,  las crisis de angustia,  la depresión… aumentan su presencia durante el primer año del duelo, así como un abuso del alcohol y medicamentos.
  • Aumento del riesgo de muerte por suicidio.
  • Síntomas o enfermedades físicas: dolores, náuseas, insomnio, riesgo de infarto de miocardio, etc.
  • Sentimientos  y emociones abrumadoras:  desesperanza,  tristeza, culpa, impotencia, rabia, etc.

 

Cuando muere un hijo

Es muy complejo tratar de imaginar lo que un padre experimenta al momento de recibir la noticia de la muerte de su hijo.

Las emociones se mezclan aleatoriamente produciéndose un lapso en que muchos atraviesan un nivel alterado de conciencia, produciéndose en los casos más intensos,  la pérdida de los parámetros de la realidad.

Más allá de esta complejidad, los testimonios y estudios, muestran algunos patrones emocionales y conductuales que queremos compartir.

En este sentido, muchos padres, coinciden en que la primera emoción/sensación que recuerdan de esta experiencia es haber entrado en un estado de shock.

Shock emocional

Las emociones sentidas son tan intensas, el dolor que se experimenta es tan profundo que, muchas veces, no se alcanza a dimensionar. Es común, que cuando tiempo después se mira atrás, tengan la sensación de haber vivido una fantasía.

La intensidad de las emociones hace que las mismas se bloqueen, llegando incluso, a imposibilitar a los padres manifestarlas. En algunos casos, lo que los demás observan desde afuera, no tiene ninguna relación con lo que los padres realmente están sintiendo, pero la dificultad de su experiencia hace que las percepciones sean confusas y contradictorias.

La negación

Dentro de este estado de shock puede presentarse la actitud de negar lo que está pasando. Paradójicamente, esta conducta, responde a que en realidad los padres saben lo que ha ocurrido pero a causa de la magnitud del dolor que están experimentando y que les está sobrepasando, prefieren negar la realidad, bloquearla, cualquier cosa, menos enfrentarla.

Percepción temporal alterada

La combinación de las intensas y confusas emociones que se están sintiendo los padres,  relativizan los límites de la realidad y, el tiempo, pierde su característica lineal. Como un intento de negar concretamente todo lo que ha sucedido, la percepción del tiempo se altera, intentando inconscientemente detener su constante avance, lo que choca con las exigencias de la situación que demanda tomar decisiones importantes, en un periodo de tiempo muy corto y en un estado emocional agotado y absolutamente alterado y confundido por el contexto. Muchos testimonios hablan que realmente no recuerdan cómo pudieron resolver tantas diligencias en estos difíciles momentos.

El dolor

Todos los sentimientos y emociones ya descritos son una reacción para tratar de evitar o anestesiar el profundo dolor que se experimenta por la pérdida de un hijo. Este sufrimiento y su intensidad son probablemente inconmensurables y diferentes a cualquiera que se haya podido soportar anteriormente. Su profundidad y alcance son tan grandes que, en muchas ocasiones, supera las capacidades y por eso, incluso, el organismo se niega a aceptarlo.

Es muy común escuchar a los padres decir que, al morir su hijo, murió algo de ellos también, que con su partida una parte de ellos también se ha ido de esta vida.

La tristeza

La tristeza invade todo con un manto de fragilidad y desesperanza. Se mezcla con el dolor, trastocando todas las emociones, revolviéndolas sin que  puedan  identificar  bien qué es lo que están sintiendo. Debe pasar un poco de tiempo para poder tener alguna claridad acerca de lo vivido, generalmente, cuando esto pasa,  los padres está inmersos en un estado de apatía y agotamiento profundo e inmovilizante.

Cansancio

El cúmulo de emociones y el natural desgaste, tanto físico como psicológico, sumado a las alteraciones en las rutinas de sueño y alimentación, propician la aparición de un estado de abatimiento que, con el pasar de los días, se empieza a manifestar más evidente.

La culpa

Para muchos padres, es inevitable llegar a plantearse la pregunta ¿por qué?, ¿por qué ha sucedido esto?, ¿por qué a mi hijo y no a mí? y dentro de este torbellino de emociones que se experimentan, pensar en ¿qué podría haber hecho mejor? o ¿hay algo que podría haber hecho diferente?, preguntas que, solo tratan de ayudar a entender todo lo que está sucediendo, buscando una explicación o un responsable, pudiendo llegar a asumir la culpa o atribuírsela a otro.

Junto a estos sentimientos aparecen muchos otros como Fracaso, Impotencia, Rabia y Miedo

Depresión

También es muy recurrente presentar episodios depresivos en los cuales se siente una profunda y desgarradora tristeza, frente a la cual nada puede servir de consuelo. De alguna manera este momento es una síntesis extendida de muchas de las emociones ya experimentadas como el abatimiento, el dolor, la apatía, la culpa, la tristeza. Es un tiempo en el que habiendo pasado ya el estado de shock se enfrenta la perdida cara a cara sin llegar a sentir ni vislumbrar una posible salida o solución a ella.

Relaciones interpersonales

Cada persona reacciona de una forma diferente frente a la muerte de un ser querido. Esta pérdida, no solo afecta a los padres, sino a todo el grupo familiar y el círculo de personas cercanas, las cuales enfrentarán cada una de forma particular, el proceso.

Dentro de la familia, las reacciones también son diferentes, incluso entre padre y madre, pueden sucederse reacciones diferentes frente al duelo.

Para los otros hijos, es difícil llegar a comprender el alcance de lo sucedido dependiendo de la edad y los posibles cambios que podría experimentar su familia.

Todas estas particularidades, hacen más complejo apoyarse mutuamente, sobre todo porque cada uno está viviendo sus procesos y tiene necesidades diferentes.

Algunos padres o madres quieren estar solos, otros quieres estar todo el tiempo acompañados  tratando de llenar el vacío. Algunos prefieren el silencio, la calma y la tranquilidad, otros prefieren mantenerse ocupados y activos.

Cada reacción, puede ser sana, siempre y cuando, sea equilibrada y respetuosa con las emociones propias y las emociones del resto.

Muchas veces, los familiares y amigos cercanos no saben qué decir ni cómo hacerlo, tampoco saben qué hacer, si ofrecer ayuda o mantenerse al margen.
Los padres notan, como en ocasiones, sus cercanos, los evitan o se sienten incómodos frente a ellos y la dinámica de interacción que se da frente a esta situación es muy poco natural

La muerte en nuestra cultura

La Muerte

La cultura y sociedad occidental ha procurado esconder la muerte y transformarla en un tema prohibido o de muy mal gusto, que debe ser tratado casi como si fuera una enfermedad contagiosa. Frente a esto, muchas personas no saben expresar sus sentimientos, lo que aparece como un comportamiento normal, ya que nunca se nos ha ensañado a abordar circunstancias como esta, por lo que, en muchas ocasiones, se viven momentos tensos que, incluso, llegan a ser hirientes y dolorosos para los padres y familiares cercanos. Éstos, pueden de reaccionar de muchas formas, siendo comprensivos, ignorando o incluso molestándose, todo dependerá del estado emocional y de las energías con que se cuenten en ese momento.

Sobrellevar la muerte de un hijo /a

Para poder sobrellevar este proceso de la forma más natural y saludable, es importante para los padres y el núcleo familiar, poder comunicar o delegar durante un tiempo a los seres queridos que manifiestan preocupación e interés cuáles son sus necesidades específicas, qué es lo que requieren en todo orden de cosas, desde contención emocional, hasta asuntos prácticos como ayudas con la compra o en la realización de trámites.

La comunicación es una herramienta que despejará dudas, evitará confusiones y acercará a todos, permitiendo un mejor entendimiento de las necesidades particulares de cada uno de los afectados.

Poder hablar del dolor y expresar los sentimientos

Poder hablar sobre el fallecimiento de su hijo ayudará a los padres a compartir emociones y hacer participes a los demás  de su sufrimiento sin aislarse del entorno, lo que facilitará que se sientan comprendidos y arropados.

Es natural que, con el paso de los días y semanas, los familiares y amigos más cercanos y que han estado preocupados de estar cerca, tengan que retomar sus rutinas de vida y se muestren menos disponibles y presentes, aun cuando los padres, sientan que todavía necesitan apoyo, compañía y contención.

Para los padres nada ha cambiado y se les hace muy complicado ver como todos los demás vuelven a retomar su actividad. Muchas veces, sentirán que las personas ya no quieren hablar más del tema, llegando a evitarlos, algunos les recomendaran que deben seguir adelante, que la vida continua, frente a lo cual, es posible que los padres reaccionen escondiendo el duelo o tratando de sobreponerse, aunque sientan que no es el momento y que siguen necesitando hablar con alguien de ello.

Por este motivo, es saludable, buscar gente con la que se sientan escuchados y comprendidos, si es necesario, un especialista que pueda acompañar y aclarar algunas partes del proceso. No todos pueden cumplir este rol y, eso no significa que sean malas personas o que no estén preocupados por lo que están pasando, solo que cada uno tiene sus tiempos y plazos y sus propias formas de tratar de ayudar y acompañar a los demás.

Otras pautas como hacer ejercicio, fijar unos horarios para acostarse y levantarse, mantener la higiene personal, cuidar la alimentación, volver al trabajo… facilitarán recuperar fuerzas  para poder afrontar mejor el duelo y tener la mente más distraída en la medida en que se pueda.

La Aceptación

Una de las claves en el proceso de duelo

Siendo muy personal todo el proceso que se experimenta,  aceptar la pérdida tras la muerte de un hijo ayuda a superar el dolor latente y a cerrar el proceso de duelo.

La tristeza ha dado lugar a otras emociones que permiten vivir la vida, ya no solo desde el dolor. Las ganas de llorar son cada vez menos.

La aceptación irá dando gradualmente paso al  deseo de retomar las actividades que producen goce y bienestar como salir, pasar un rato con amigos y familiares, recuperar rutinas…

Progresivamente la ira, rabia o culpa se irá diluyendo y facilitará la posibilidad de asumir de forma tranquila y saludable  el resto de responsabilidades. 

A medida que la serenidad va incrementándose, la sensación de que la vida continúa se hace más presente y se van recuperando las ganas de dar y recibir amor.

Pese a que su hijo siempre va a estar en sus pensamientos  y corazones, se seguirán  afrontando otras situaciones de la vida, unas, más dulces y, otras,

Más amargas desde una nueva perspectiva.

Cerrar el proceso de Duelo

Cerrar el ciclo

Más allá de todas nuestras diferencias, el proceso de duelo es saludable y necesario frente a la pérdida de un hijo o cualquier ser querido.

Es común escuchar de parte de los padres que la pérdida de un hijo es la experiencia más dura y desgarradora que puede vivirse. Pese a lo doloroso del proceso, el duelo ayudará a sobrellevar y superar la perdida de la forma más natural y sana posible.

Las emociones y reacciones son únicas y reflejan la personalidad y el carácter idiosincrático de cada individuo, de la misma forma que cada persona necesita una contención, atención y acompañamiento diferente.

El paso del tiempo

Con el paso del tiempo, el dolor es vivido desde otra perspectiva, lo que lo hace mucho más llevadero y es posible aprender a desarrollar una “relación” diferente con el hijo que ha partido, lo que ayuda a transformar su recuerdo en una presencia positiva y constructiva en sus vidas.

Es fundamental que los padres no consideren  que están traicionando la memoria de su hijo si cada vez están menos tristes o recuperan sus hábitos. Todo lo contrario, esté dónde esté su hijo, lo que desearía es que sus padres y otros familiares fueran felices y llevarán su vida adelante.  Superar el dolor no significa olvidar a los seres queridos. Los seres queridos, siempre estarán dentro de nuestros corazones y hay otras personas que también les necesitan.

Ayuda psicológica profesional

De igual forma, nadie es dueño de la vida de nadie por muy injusta que sea la muerte de un hijo. Es importante que los padres comprendan que no culpa suya que su hijo se haya ido. Si ellos hubieran podido hacer algo por evitarlo, hubieran dado su vida para que su hijo viviera pero en la vida no todo lo podemos controlar o impedir.

En el Centro de Tratamientos Psicológicos Consuelo Tomas, ayudamos a los padres en el difícil proceso del duelo. Una perdida tan importante como puede ser la de un hijo.  Si estas atravesando tan duro trance y necesitas apoyo psicológico no dudes en contactarnos.